¿ES AGRESIVO DECIR ABIERTAMENTE QUE NO HAY DIOS?

Con bastante frecuencia, algunos de los argumentos más fastidiosos y delirantes contra el ateísmo abierto (en lugar de simplemente secularismo abierto) vienen, no de individuos religiosos, sino de personas que son o dicen ser no creyentes y arrancan su discurso con el gastado “soy ate@, pero…” Antes de continuar, recuerden lo siguiente: la vida no es blanco y negro, y tampoco es una escala de grises; hay millones de colores, y no poder ver el infra-rojo o el ultra-violeta no quiere decir que no existen; hay, sin embargo, otra capa a eso: hay infinitos colores que no existen y que, a diferencia del IR y el UV, no pueden ser medidos (porque no existen), y solo porque una persona, o veinte, o mil millones, crean que sí, eso no los hace reales.

Ahora, para volver al punto anterior acerca de la frágil apertura “soy ate@, pero…”, la probaré para ver cómo se siente y para hacerla a un lado. Soy ateo, pero no tengo ningún problema con que la gente crea lo que quiera, he cantado piezas religiosas muchas veces – no me podría importar menos el hecho que esas letras se refieran a creaturas imaginarias, ya que eso no me evitaría cantar ‘Seraglio’ o ‘El Oro del Rín’ si algún día tuviese la oportunidad – y puedo simpatizar (aún si estoy completamente en desacuerdo) con la noción de buscar el rezo o la idea de justicia divina o la vida después de la muerte como una suerte de consuelo. Coloco el límite, sin embargo, en la doble moral.

De verdad no me importa que la gente use frases (de inventario) como “Dios te bendiga” o “gracias a Dios”, pero siempre me había preguntado si personas creyentes – o, más al punto, apologistas de “soy ate@, pero…” – estarían igualmente abiertas al mismo enfoque cuando están del otro lado del mismo. Comencé, entonces, a contestar “Dios te bendiga” con “Dios no existe, pero gracias por las buenas intenciones”. De repente, comenzaron a llover las acusaciones de ser grosero, impetuoso o cerrado, tanto por parte de creyentes como de ateos.

Ahora, esa es doble moral de primera: ¿por qué está bien que un creyente diga en voz alta que hay un dios (o varios) pero no para un no-creyente decir que no lo(s) hay? ¿Qué ocurriría si me pusiera una camiseta con el mensaje “no hay Dios”? ¿Se me respetaría del mismo modo que se respeta a la gente con crucifijos o rosarios en la mayoría de territorios occidentales? ¿Cómo es que eso es “imponer” mi perspectiva, pero decir “Dios te bendiga” no lo es?

El laicismo y la libertad van por los dos lados: si es aceptable que los creyentes no se queden callados (y lo es), también está bien que los ateos no nos lo guardemos. Después de todo, no callarse no es lo mismo que ser agresivo. Recuerden: blanco y negro, escala de grises, colores, IR, UV…

Para resumir: si crees en cualquiera de los miles de dioses que la humanidad ha adorado, tienes todo el derecho a decirlo, en voz alta, y a llevar objetos que representen tu fe, y colocar lo que quieras en redes sociales, y sería ridículo que yo me sintiera ofendido por eso. Pero está también la contraparte: yo también tengo todo el derecho a decir que no existen los dioses, decirlo cuando quiera y como quiera , y sería ridículo que cualquier otra persona se ofenda por eso.