Para Mineducación, Dios creó la Tierra

Por Juan Pablo Calvás

¿Cómo es posible que los niños estén obligados a ver clases de religión en los colegios públicos?

Este artículo va dirigido a usted, señora ministra de Educación, María Victoria Angulo. Espero que al menos merezca una respuesta o una explicación. Y digo esto porque el país se quedó esperando una declaración suya luego de que un sector político lanzara una cacería de brujas contra los profesores del país porque (según dicen) estarían utilizando las aulas para adoctrinar políticamente a los jóvenes.

Ministra, usted pasó de agache como si no fuera la jefa de los profesores. El salario de ellos lo paga el Estado, no Fecode. Las directrices sobre cómo enseñar asuntos tan delicados como los ‘falsos positivos’ los debería establecer usted en el Ministerio, no Fecode, pero usted guarda silencio. ¿Lo hizo a propósito? ¿Les hace usted el juego a los enemigos de Fecode al no decir ni mu? ¿No hace usted equipo con los profesores?

Señora Ministra, hablemos de adoctrinamiento. Le contaré una historia.

Hace unos días, Jorge, un joven estudiante de licenciatura en Ciencias Sociales, me contó que en el colegio público del que se graduó le enseñaron como válidas dos teorías sobre la existencia del ser humano: la teoría de la evolución de Darwin y la creacionista de las religiones inspiradas por el Génesis de la Biblia. Sorprendido, le pregunté a Jorge en qué clase le habían enseñado que Dios creó la Tierra y al hombre, como lo señalan las religiones de origen cristiano; su respuesta fue sencilla: en clase de religión.

“¿No cree que en vez de utilizar plata del Estado para formar a los cristianos del mañana la urgencia está en ofrecer
una educación de segunda lengua (inglés) de calidad en los colegios públicos?”

Ministra, ¿30 años después de promulgada la Constitución del 91, cómo es posible que los niños y jóvenes estén obligados a ver clases de religión en los colegios públicos del país? ¿Acaso no somos un país laico?

Supongo que no ha tenido la oportunidad de leer la investigación del profesor William Mauricio Beltrán, publicada en 2020 en la revista de Teología de la Javeriana, en donde hace una radiografía del tema. Se lo resumo: las clases de religión en los colegios oficiales son propaganda o si lo prefiere, adoctrinamiento a favor de la Iglesia católica, tanto así que las cartillas y lineamientos para la enseñanza de ‘religión’ van con el sello de la Conferencia Episcopal Colombiana.

Seguramente usted va a responder que las clases no son obligatorias y que los padres de familia pueden optar por que el niño no entre a esa clase y los colegios deben ofrecer alternativas. Eso es falso.

En la misma investigación del profesor Beltrán se evidencia que solo el 10 % de los establecimientos escolares públicos ofrecen alternativas a las clases de religión y dos tercios de estudiantes y profesores no saben que esa clase no es obligatoria. Al contrario, como forma parte del pénsum (desde segundo grado hasta noveno), si no asisten jamás se graduarán como bachilleres, entonces les toca, sí o sí, tomar la clase de religión.

¿Ocho años aprendiendo sobre religión en el colegio? Supone uno que los jóvenes al graduarse hacen palidecer a cualquier teólogo. Todo ese tiempo para hablar del Corán y de Buda, de protestantismo y la Inquisición promovida por la Iglesia católica. Sin embargo, eso no pasa.

El joven Jorge me contó que a veces hacen lecturas sobre otras religiones, pero durante ocho años las clases esencialmente giran en torno a la vida de Jesús, los milagros de la Virgen María, los valores que nos enseñan los textos del Antiguo Testamento y los principios e ideas promovidos desde el Vaticano.

¿Eso no es adoctrinamiento? ¿No cree que en vez de utilizar plata del Estado para formar a los cristianos del mañana la urgencia está en ofrecer una educación de segunda lengua (inglés) de calidad en los colegios públicos? ¿O es que el sector educativo que usted dirige está secuestrado por las iglesias que le impiden desmontar una materia que deberían enseñar en los templos y no en los colegios?

Juan Pablo Calvás@juanpablocalvas