Es injusto que las iglesias en Colombia no paguen impuestos

Por Ferney Rodríguez Vargas

“Los pastores predican que no pagar el diezmo es robarle a Dios, ¿pero quiénes podrían decirles a ellos que le contribuyan al Estado para sacar al país adelante?”

La nueva reforma tributaria que plantea el gobierno del presidente Duque propone que los ciudadanos con ingresos al año de 30 millones de pesos ($ 8,228.67 dólares estadounidenses) paguen el impuesto de renta. Esta acción sin duda afectaría a la clase media colombiana.

Varios analistas han señalado que en las últimas reformas tributarias el sector bancario y las grandes multinacionales se han visto beneficiadas con rebajas de impuestos. Otros han añadido que, las multinacionales de la fe, es decir, las iglesias, siempre han estado exentas del impuesto de renta, entre otros impuestos, siendo de hecho un nicho idóneo para enriquecerse lícitamente.

El panorama de las iglesias cristianas (principal segmento de la diversidad religiosa) es de constante crecimiento. En promedio una iglesia nueva se registra cada día en Colombia en el Ministerio del Interior. Ya hay más de 8000 entidades religiosas con personería jurídica especial, y no hay barrio de clase media o baja en Colombia que no cuente con una iglesia autocéfala o que carezca de una sede de una denominación mayor.

El dinero fluye a las iglesias por medio del diezmo: el diez por ciento de los ingresos de un feligrés; ofrendas, que son aportes voluntarios adicionales, y “siembra de promesas o pactos”, que son dineros que se le entregan a “Dios” (en este caso a los pastores, porque no hay un banco en el reino de los cielos, pero sí en la Tierra cuentas bancarias a nombre de las iglesias) a cambio de obtener trabajo, un éxito personal, sanación, etc. El mensaje es claro: el diezmo le pertenece a dios. Si no lo pagas le están robando al todopoderoso; si no ofrendas no recibirás salud, empleo, etc. Los réditos económicos de esta estrategia para los pastores son significativos.

Las iglesias que predican la bendición a cambio de dinero siguen la “teología de la prosperidad”. Entre ellas está el G-12 Misión Carismática Internacional, Avivamiento, Iglesia Universal del Reino de Dios, El Lugar de su Presencia, Ríos de Vida, Manantial de Vida Eterna, entre muchas más. Según ellas, si te va mal económicamente es porque no tienes suficiente fe y no diezmas. ¿Qué hay que reclamarle al Estado por políticas de bienestar social? ¡Jamás! Eso es comunismo y es del diablo. ¿Ahora ven porque la afinidad entre muchas de las anteriores iglesias con los sectores de derecha y extrema derecha?

Otras solo piden el diezmo, y no incluyen la teología de la prosperidad, como los adventistas, bautistas, pentecostales. Otros no piden diezmos, pero hacen que los feligreses compren publicaciones, siendo un gran negocio editorial, como los testigos de Jehová.

Los pastores cristianos más reconocidos del país tienen tantos lujos y opulencia como invocaciones a Dios y a la Biblia. Por ejemplo, el pastor Miguel Arrázola, de la Iglesia Ríos de Vida de Cartagena, vendió en 2016 un apartamento en el edificio Regatta en Cartagena por 1500 millones de pesos para mudarse al exclusivo sector de Barcelona de Indias, a una casa avaluada en unos tres mil millones de pesos (según información de El Bullerengue que adjunta Certificado de Tradición y libertad del inmueble).

Hablando de los ingresos de, solo esta iglesia en la capital de Bolívar, El Bullerengue dice que:

Según fuentes de personas que han trabajado con la Iglesia, el recaudo de Ríos de Vida puede llegar a 1.250 millones de pesos mensuales [del 2016]. La inmensa mayoría de este dinero llega en efectivo, y otra parte se entrega en tarjeta de crédito e incluso cheques. Dos veces por semana los camiones de la agencia de transporte de valores se estacionan por el lado de la avenida Pedro de Heredia para llevar la plata del señor.

Siguiendo con el mismo pastor, el periodista Lucio Torres, comenta que el líder de Ríos de Vida adquirió la franquicia del pastor César Castellanos, de la Misión Carismática Internacional para poder operar con su megaiglesia. El valor de la franquicia dice no conocerlo, pero el solo hecho de tener que pagar una franquicia, al mejor estilo de una cadena internacional, da una idea sobre los ríos de dinero que mueven las iglesias cristianas en Colombia.

Otras fuentes consultadas mencionaron que a inicios de los 2000 hubo una fractura en la Misión Carismática G12, de la que nació la Iglesia Cristiana Sin Muros, encabezada por el pastor César Fajardo. Excristianos que vivieron esa división mencionaron líos por el poder político y por dinero. Estos hechos, que hicieron que las personas consultadas renunciaran a estas iglesias, les recordaron más una rivalidad entre empresas que el mensaje de “vende todo lo que tiene y dalo a los pobres” que, según los evangelios de Mateo y Lucas, Jesús dijo al joven rico. Los pastores de estas iglesias suelen restarles crédito a estas revelaciones diciendo que al apartarse de su Iglesia se volvieron instrumentos de Satanás y cosas similares.

Y hablando del joven rico, viene al anecdotario de los pastores colombianos, el caso de John Milton Rodríguez. Actual pastor cristiano y senador de Colombia Justa Libre. Rodríguez pasó a ser el joven rico a los 26 años cuando dejó de ser un distribuidor de periódico y se hizo pastor a fundando la Iglesia Misión Paz a las Naciones. Y no es el único, muchos pastores y pastoras, autodenominados apóstoles y hasta profetas nacidos en estas tierras, cuentan ahora con mansiones en el extranjero avaluadas por encima del millón de dólares.

Las iglesias católicas y de la diversidad protestante no pagan impuesto a la renta, tampoco impuestos municipales. Sus diezmos y ofrendas no están gravados de manera alguna. La Dian reveló en 2017 que el patrimonio bruto que declararon más de 8.000 asociaciones religiosas, en ese momento registradas, alcanzó $14,4 billones y reportaron ingresos brutos por un valor de $5,4 billones de pesos.

Es injusto que la clase media deba que ser la que se aprieta el pantalón. Que ahora se le piense gravar hasta el café que se toma cada mañana, mientras las iglesias pueden darse el lujo de poner a sus pastores en los barrios más exclusivos de las ciudades colombianas o del exterior.

Es necesario que las iglesias contribuyan al Estado pagando un impuesto sobre su renta (o ingresos), sobre su patrimonio, sobre sus activos en el exterior y paguen el impuesto predial sobre sus propiedades para efectos de poder utilizar tales recursos para muchas de las necesidades que tiene el país: dotar la red hospitalaria, darle computadores a los estudiantes rurales que no pueden conectarse a las clases virtuales, darle a los científicos colombianos los recursos para que puedan hacer investigación en Colombia y no tengan que irse del país…

En la tesis de grado Análisis del no pago de impuestos de las iglesias cristianas colombianas (2019), Boyacen y Vanegas concluyen:

La reforma estructural tendrá que llegar a lugares donde muchos habían temido llegar: Al gigantesco patrimonio de los cultos, porque gravar a las iglesias no es profano, sino sentido común. La equidad en el tema de las confesiones es urgente, y la idea de que la Dian debería decidir qué iglesia cumple o no con los requisitos para continuar gozando de privilegios debe desecharse, ya que sería como felicitar al católico y castigar al judío, y en tema fiscal la moral y la subjetividad no pueden ser rectoras. Por lo menos no en un Estado que se declara laico.

Lo justo sería que las actividades económicas que se realizan bajo los códigos 9191 y 9491 del RUT, correspondientes a asociaciones religiosas, empiecen a generar la equidad que tanto buscan en sus sermones, pero que poco aportan en realidad. Porque, sin ánimo de sonar crudos, no es posible ser sin ánimo de lucro cuando se tienen ingresos de cuatro mil millones de pesos anuales.

[…] El experto tributario y director de Carrero y Asociados, Nicolás Carrero, considera que las iglesias sí deberían hacer algún tipo de contribución al fisco, porque “mueven bastante dinero”, pero nadie las controla y ni siquiera existen auditores para el manejo de grandes cantidades de dinero. No llevan facturas, no tienen un sistema contable y hay muchas fachadas de iglesias que mueven demasiada plata, con una cantidad de ahorros tributarios que no le aportan nada al fisco. Deberían tributar así sea un poco”, puntualiza.

Los pastores predican que no pagar el diezmo es robarle a Dios, ¿pero quiénes podrían decirles a ellos, sin miedo, que le contribuyan al Estado para sacar al país adelante?

Mientras escribía estas líneas, la representante a la Cámara Katherine Miranda, de la Alianza Verde, dijo que con el pago de las iglesias del impuesto de renta se tendría un recaudo anual de 1,8 billones de pesos, lo que salvaría a la clase media de pagar más impuestos.

Si esta propuesta no llega a materializarse, es muy probable que sea porque el poder del pulpito ha llegado con fuerza a las curules del Congreso. Sería una muestra más de que aquellos que con Biblia en mano piden que los voten para salvaguardar “los valores” se refieren en realidad a sus valores económicos y los privilegios tributarios de las iglesias. Otro resultado nefasto de no tener una separación más estricta del Estado y las iglesias que ha permitido que estas hagan partidos, que los sermones sean también campaña política y que los pastores se vuelvan senadores.

Tomado inicialmente de las dos orillas.