Como Corporación Bogotana para el Avance de la Razón y el Laicismo vemos con preocupación el escrito “Los cristianos sí estamos en guerra con la comunidad LGBTI” del cristiano Alejandro Ortiz, accesible en el siguiente vínculo: http://www.las2orillas.co/los-cristianos-estamos-guerra-la-comunidad-lgbti/.

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Alejandro Ortiz está indicando que no siempre, o no en todos los casos, se puede amar al prójimo (como a uno mismo) porque hay limitaciones y restricciones al respecto, es decir, está implicando que los homosexuales, en tanto que personas y prójimos, no son ni pueden ser objeto de amor del prójimo. Pero no solo dice que no son objeto de amor de prójimo, sino que insinúa que los cristianos están en pleno derecho, y hasta en la obligación, de odiar literalmente a muerte a los homosexuales, al señalar que el mismo dios (en caso de que exista) que adoran los asesinó al supuestamente destruir a Sodoma y Gomorra, supuestamente por la homosexualidad de sus habitantes. Muestra de que esa creencia es errónea lo indica el hecho de que en el Nuevo Testamento Jesucristo hace referencia a dichas ciudades, no por la supuesta homosexualidad de sus habitantes, sino por su inhospitalidad, es decir, el verdadero “pecado” que habrían cometido dichas ciudades fue no recibir de forma hospitalaria a los mensajeros del dios de los judíos, supuestamente el mismo de los cristianos (y de los musulmanes), y que algo peor le sucederá a quienes no reciban a los enviados a evangelizar (Lucas 10: 10-12)

Por un lado, decir que “en realidad los colombianos temerosos de Dios somos cada vez más” no debería ser motivo de orgullo para un teísta cristiano (católico o no) puesto que lo que deberían sentir los cristianos hacia su dios es amor, según los dicen ellos mismos, y no temor, pues el mismo Nuevo Testamento señala que quien hace las buenas obras sin amor realmente no tiene ganado el cielo. Por otro lado, decir que “en realidad los colombianos temerosos de Dios somos cada vez más” implica que antes eran cada vez menos los colombianos temerosos del dios de los cristianos, lo cual es inconsistente con los hechos puesto que Colombia ha sido uno de los países con una significativa mayoría de cristianos, católicos o no católicos, desde sus inicios como país, para lo cual basta con revisar las historias de las estadísticas del DANE respecto a las creencias teístas, religiosas y espirituales en el país. Alegar que esas estadísticas no garantizan que la mayoría de colombianos hayan sido o sean cristianos porque muchos se dicen cristianos de palabra pero no de acción implica, por un lado, aceptar la doctrina católica romana, que señala que no hay verdadera fe cristiana sin obras que la respalden, y, por otro lado, que si alguien se dice a sí mismo cristiano pero no obra según lo que presuntamente debería hacer un cristiano, entonces no es un verdadero cristiano; pero la verdadera distinción al respecto en este caso no es entre verdaderos y no verdaderos cristianos sino entre buenos y malos cristianos, pero (verdaderos) cristianos al fin y al cabo. Así las cosas, pretender insinuar que antes eran cada vez menos los colombianos temerosos del dios de los cristianos es, o bien una mentira dicha a propósito, o bien un intento de ofender a los cristianos que no concuerdan con el parecer de Alejandro Ortiz, pero en cualquier caso es un acto reprochable en comparación con lo que debería decir y hacer un verdadero y buen cristiano.

No solamente los ateos dicen que Colombia es un Estado laico, sino que la misma Constitución Política colombiana de 1991, norma de normas en nuestro país, lo dice. Pretender aducir que eso no es cierto porque presuntamente solo está en el papel pero no en los hechos, dado que la mayoría de colombianos son cristianos (católicos o no), es, por un lado, contradictorio con la afirmación de que en Colombia son cada vez más los temerosos del dios cristiano y, por otro lado, es una abierta declaración de que Alejandro Ortiz está dispuesto a pasar por encima de nuestra Constitución pues no le importa lo que ésta diga. Cuando la Constitución dice que Colombia es un Estado laico está señalando que la actuación de todos los servidores públicos de Colombia debe estar libre de todo tipo de contenido o forma religiosos, teístas, cultuales y espiritualistas, particulares o generales. Es posible que existan ateos que digan que los cristianos no deberían ingresar a la política. Al fin y al cabo, Alejandro Ortiz debe ser consecuente con su apelación al presunto derecho de expresar las convicciones individuales u organizacionales. Sin embargo, lo que se debe hacer, y no es simplemente un parecer de los ateos, es que si un cristiano ingresa a la política debe evitar contaminarla con su cristianismo, y ese “debe” es un imperativo bajo la Constitución Política colombiana de 1991. Si alguna norma generada en Colombia para Colombia coincide con el parecer de los cristianos, entonces debe serlo exclusivamente por factores ajenos a la violación de la laicidad del Estado colombiano y no por culpa del lobby cristiano.

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No se le puede hacer recordar a una persona algo que no ha sucedido a menos que se la quiera engañar, introduciendo falsos recuerdos en su mente. Decir que los ateos de un estado democrático y laico deben recordar que un presunto dios (cuya existencia debe ser clara y rigurosamente probada por los teístas, como bien lo exigen la lógica, la ética del discurso y el debido proceso) impuso a un rey de Israel es, o bien un claro intento de mentir, o bien una pretensión de que se quiere eliminar la democracia laica colombiana para sustituirla por una monarquía teocrática, lo cual sería tanto una amenaza como una traición a la misma democracia pluralista a la que tanto apelan convenientemente los cristianos como Alejandro Ortiz para disfrazar, con un abusivo recurso a la libertad de cultos, sus actos discriminatorios y violentos.

Si la guerra que los cristianos le están declarando a sus víctimas (mujeres, negros, indígenas, población LGBTI, no-cristianos, etc.) fuera realmente una de tipo espiritual, no la estarían llevando a cabo en el plano material. Así que más les vale que su guerra se quede en el plano espiritual o, de lo contrario, que se atengan al ordenamiento jurídico colombiano y no violen la laicidad constitucionalmente establecida para Colombia, así como a Jesucristo no le sirvió su presunto poder divino para evadir el ordenamiento jurídico del antiguo imperio romano.

Si a los cristianos que viven en Colombia no les parece que nuestra Constitución Política sea una buena norma de conducta a pesar de que fue y es la que les ha dado tantas lamentables e injustas ventajas que no tenían con la constitución de 1886, y si tales cristianos consideran que tienen el derecho de imponernos sus tan cuestionables prácticas, entonces bien pueden irse de tan “pecadora” nación y formar una según su parecer en otro lugar menos “pecaminoso”, no sea que ese dios que tanto temen los castigue por convivir con pecadores. Alejandro Ortiz debe recordar que el mismo Jesucristo dijo a los apóstoles, en el Nuevo Testamento, que, si una nación rechazaba el evangelio y no lo convertía en su norma de vida, el mensajero del evangelio debía limpiarse sus zapatos e irse de allí, dejando dicha nación a su suerte, una suerte presuntamente mucho peor que la de Sodoma y Gomorra. El mismo Jesucristo dio a entender que no sería culpa del misionero que dicha nación se condenase.

Así las cosas, pretender convertir a Colombia en una monarquía teocrática cristiana como lo quieren Alejandro Ortiz y sus cómplices es pretender destruir a Colombia misma como es ahora: una democracia laica, un Estado social de derecho, y esto es, claramente, un acto de sedición y rebelión similar al que ha caracterizado a las FARC-EP, al ELN o a las AUC. Cabe aclarar, por supuesto, que no estoy diciendo que deseo echar, desplazar ni discriminar a los cristianos, sino que lo que dice Alejandro Ortiz de imponer la Biblia como norma de conducta para los colombianos y, por ende, eliminar la Constitución Política colombiana de 1991, es una clara manifestación de que son los cristianos que concuerdan con Alejandro Ortiz quienes están en abierta insatisfacción con nuestra Constitución, en contra de nuestro Estado social de derecho, son ellos los que odian vivir en Colombia y cumplir sus normas laicas, así que los ateos no los estamos desplazando ni discriminando sino que estamos señalando que lamentablemente no pueden coexistir dos constituciones políticas (una laica y una cristiana) en un mismo Estado y que no los estamos obligando a quedarse en Colombia si no quieren someterse a nuestra Constitución.

Si fuera verdad que Jesucristo está a la derecha del Padre (suponiendo que ambos existen), entonces quiere decir que el dios Padre de los cristianos es de izquierdas y, entonces, el sacerdote católico colombiano Camilo Torres habría acertado al haberse vuelto de izquierdas, honrando a ese dios Padre; pero también estaría mostrando la esquizofrenia social que es el cristianismo y que claramente se ha reflejado en Colombia al dividirla al punto de la autodestrucción por culpa de los cristianos de derecha (los paramilitares de los Doce Apóstoles) y los cristianos de izquierda (los guerrilleros del ELN seguidores de Camilo Torres). Si entre los mismos cristianos se han asesinado porque supuestamente cada secta es la verdadera y las otras son falsas, y todas apelando igualmente a la Biblia, ¿por qué deberíamos los colombianos tomar como norma de conducta a semejante fuente de división, violencia, delincuencia y criminalidad? Que la historia no nos traiga más desgracias de las que hemos vivido y nos libre de tan pervertido destino como es el de estar sometidos a la Biblia, al cristianismo y a sus crímenes. Además, la Biblia está llena de contradicciones y cuando éstas son impuestas como normas de una sociedad la obligan a ser contradictoria, es decir, a estar en permanente conflicto. Prueba de que el cristianismo implica un terrorismo latente está en la misma Biblia. Si un ciudadano colombiano usara rigurosamente la Biblia como norma de conducta, cometería numerosas contravenciones, faltas, delitos, crímenes y acciones contrarias al ordenamiento jurídico colombiano. Si el lector no lo cree, nada más elija al azar un versículo cualquiera de la Biblia y evalúe las consecuencias de llevarlo rigurosamente a cabo a ver si no es cierto que conduce a la ilegalidad en la mayoría de los casos.

Según la Biblia, el mismo Jesucristo fue promotor de la guerra: “No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra, y enemigos de cada cual son los de su casa” (Mateo 10: 34-36). Y la misma Biblia dice que se la debe tomar literalmente (1 Corintios 4: 6), no de forma figurada, para evitar que surjan discrepancias entre los cristianos, de manera que no la estamos sacando de contexto ni malinterpretando, y así también lo advierte en 2 Timoteo 2: 15 y 2 Pedro 1:20. Y la misma Biblia dice que debe ser tomada como manual de conducta para todo verdadero cristiano: 2 Timoteo 3: 16, Salmo 119: 105, Salmo 1: 1-3, Salmo 119: 15, Salmo 119: 40, Salmo 119: 101, Hebreos 4: 12,13, Juan 15: 7; además de que el mismo Jesucristo dijo que la ley antigua (sí, la misma que induce al crimen) debe cumplirse a plenitud (Mateo 5: 17-19). El mismo dios de los cristianos fomentó el aborto (Oseas 13: 16) que los cristianos dicen repudiar pero que amarían si con él pudieran impedir el nacimiento de homosexuales. La Biblia es una fuente de antivalores, nada más ver Levítico 12: 2-8, Levítico 15: 19-30, Deuteronomio 21: 10-13, Deuteronomio 21: 15-17, Génesis 12: 10-19, Génesis 16: 1-3, Génesis 19: 1-9, Jueces 19: 22-30, Números 31: 7-18, Deuteronomio 22: 20-21, etc. Así que, en conclusión, la Biblia dice literalmente que los cristianos deben oponerse a la paz y que deben declararle la guerra a quienes no sigan sus imposiciones. Los millones de cristianos del país que se oponen a la paz, incluyendo a Alejandro Ortiz, están siendo verdaderos cristianos y, por ende, están siendo unos terroristas.

Así como lo dicen algunos cristianos, los ateos también tenemos libertad de expresar nuestras opiniones y la nuestra ha sido expuesta en este documento. La resumimos así: el escrito del cristiano Alejandro Ortiz es clara y abiertamente una amenaza terrorista, tan terrorista como las que han hecho las guerrillas y los paramilitares en Colombia, y refuerza la tesis atea de que el teísmo y las religiones son males sociales graves. Es responsabilidad del control estatal colombiano decidir si actúa contra esta grave amenaza terrorista u omite obrar como debe al no dar a Alejandro Ortiz y a sus cómplices el debido castigo que contemple la ley.