[Columna de David Osorio, vicepresidente de la Asociación, publicada porEl Tiempo]

El 5 de agosto del 2012, se llevó a cabo el Bogotá Gospel, un concierto promovido por el lobby cristiano del Concejo de Bogotá, que se pagó con dinero de todos los contribuyentes, a pesar de estar prohibido por la Corte Constitucional.

La entonces recién creada Asociación de Ateos y Agnósticos de Bogotá (AAAB) hizo presencia pacífica en el concierto, reclamando que no se pueden destinar recursos públicos a promover creencias religiosas privadas. En medio de las letras homofóbicas fuimos recibidos con amor cristiano en su más pura esencia: patadas, puños, insultos, provocaciones, destrucción de nuestra propiedad y actos circenses que violentaban nuestro espacio personal.
 
Ahora, casi dos años después, cuando la Alcaldía Distrital, por vía de Canal Capital, se prepara para llevar a cabo el Concierto de la Esperanza, para el cual se ha convocado a la agrupación puertorriqueña Calle 13. Resulta curioso entonces ver que, ahora sí, la misma cuadrilla de concejales que han utilizado sus puestos para desobedecer abiertamente las sentencias de la Corte en la utilización de recursos públicos, salgan a reclamar por el costo del concierto al erario.
 
Ciertamente, la ciudad tiene pendiente una rendición de cuentas por cómo se van los recursos del Distrito, pero hay un elemento de doble moral en la actitud de los concejales. En su denuncia, aducen que Calle 13 es una pésima influencia para los jóvenes porque sus letras “atentan contra la moral”. En la AAAB somos partidarios de que el Estado no se involucre en las preferencias éticas, estéticas, profesionales, filosóficas, políticas o económicas de los ciudadanos, pero si los concejales insisten en violar de esta manera tan atroz su mandato constitucional, bien cabe preguntarles por la ‘moral’ que promueven en sus conciertos inconstitucionales.
 
Basta abrir la Biblia para encontrar que dios ordena que los homosexuales sean asesinados. Él no se anda con ‘nimiedades’ de si “matrimonio” o “unión civil”, “adopción” o “no-adopción” – se les quita la vida y punto. ¿Qué clase de mensaje es ese? ¿Segar la vida de una persona por sus gustos? ¿Dónde queda lo de ‘provida’? ¿Acaso es ese un mensaje muy apropiado para los jóvenes de un país con el historial de violencia e intolerancia como Colombia?
 
Abramos otro pasaje. Aquel en el que se regula la esclavitud (vaya, sí que somos una sociedad impía, que ya abolió esa práctica). Según dios, las esclavas no pueden quedar libres, a diferencia de los esclavos. Según los concejales de dios, las letras de Calle 13 “denigran a la mujer”. La libertad sexual es algo que difícilmente denigra a alguien, a diferencia de la esclavitud claramente promovida por el libro sagrado de estos concejales.
 
Podemos acusar a los concejales de doble moral e hipocresía, pero su comportamiento es mucho más básico que eso. Ellos consideran que, por ser cristianos, están por encima de los demás y están en su derecho a creer eso – a lo que no tienen derecho es a utilizar sus curules para desconocer la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley y tampoco están muy prestos a devolver el porcentaje que los contribuyentes ateos ponemos de su salario. A pesar de esto, el concejal Ramírez, en oposición al concierto de Calle 13, pidió en un tweetrespeto a los cristianos”.
 
¿Y dónde quedó el respeto a los ateos, agnósticos y homosexuales en Bogotá Gospel? ¿Por qué tenemos que pagar con el fruto de nuestro trabajo la promoción de sus creencias discriminatorias? ¿Por qué son más legítimas las creencias del señor Ramírez y sus colegas teócratas, que las de Calle 13?
 
A pesar de ser un libro lleno de genocidios, guerras, masacres, esclavitud, traiciones, sufrimiento, incesto e infidelidad, la Biblia tiene una que otra parte rescatable. El sermón de la montaña hace parte de esas escasas partes. “No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”.
 
Concejales Ramírez, Sandoval, Palacio, Jaramillo, Mosquera, Toro, Cepeda, Acosta, Bernal y Durán; si no quieren que se use dinero de los contribuyentes para promover posturas morales con las que no están de acuerdo, dejen de usar dinero de los contribuyentes para promover posturas morales con las que no estamos de acuerdo (que, además, por ser religiosas, tienen prohibido promover con recursos públicos).
 
Y si en todo caso, se lleva a cabo el concierto de Calle 13, ¡es el plan de dios! ¿Quiénes son ustedes para cuestionarlo? Si no les gusta, pues ponen la otra mejilla y listo.

Actualización, febrero 2017: El artículo original fue editado, después de que la Fiscalía General de la Nación archivó una investigación que tenía en curso.