Toda está serie de escándalos, cada vez más abundantes, muestra tres elementos conocidos, pero no por ello menos escalofriantes: 1). La pederastia y el abuso sexual de menores está ampliamente distribuido entre el clero católico; 2). El comportamiento sistemático de la jerarquía católica es tratar de ocultar los hechos, trasladar a los agresores y generar impunidad; y 3). El Vaticano, en mayor o menor medida, siempre ha sabido de esta aberrante conducta.