La necesidad de defender el Estado Laico en Colombia fue el motivo de la XXI Marcha de la Ciudadanía LGBTI de Bogotá que movilizó cerca de 80 mil personas el 2 de Julio de 2017.

Este vídeo recoge el discurso central del evento, que le fue otorgado a Bogotá Atea y la AAB en esta oportunidad.

Libres y laicos – Palabras XXI Marcha

Buenas tardes a todos y todas. Es para mí un honor poder dirigirles unas palabras en esta XXI marcha de la ciudadanía LGBTI de Bogotá, que tiene por afortunado lema “Seres libres, Estados laicos”.

Estamos aquí como reivindicación y protesta, pero también como festejo. Como reivindicación porque es necesario que el derecho a la igualdad se materialice en la vida cotidiana de nuestra sociedad; como protesta porque la laicidad estatal está siendo pisoteada por quienes quieren imponer su punto de vista religioso sobre un país plural y laico; y como festejo porque celebramos la diversidad como un elemento enriquecedor de la sociedad.

Estamos aquí presentes porque queremos decirle a Bogotá y a Colombia entera que este país también nos pertenece. Somos parte de la diversidad de la nación. Nuestras vidas y nuestras familias importan. Queremos ser parte de la generación de la paz, que deje de lado la violencia y los rencores para construir un país incluyente, democrático, libre y laico.

Ninguno de los derechos que se nos han reconocido, ninguna de las libertades de las que hoy disfrutamos, se alcanzaron por el libre deseo de quienes han ostentado el poder. Estas conquistas se lograron gracias a los activistas, por la toma de las calles y las plazas de los ciudadanos LGBTI, sus familiares y otros ciudadanos comprometidos con la no discriminación, y también de algunas voces en la política, que nos ha permitido recorrer el camino de la igualdad.

Me parece importante resaltar esto, porque hay ciudadanos LGBTI que no vienen a la marcha pensando que este acto de presencia es poco significativo, o que esta lucha ya no tiene sentido. Como si los derechos de las minorías hubiesen brotado espontáneamente de los árboles. De no ser por el esfuerzo, a veces subvalorado de los activistas, aún seríamos proscritos e ilegales. Recordemos que hasta hace 37 años, muy poco tiempo, ser homosexual era un delito en Colombia.

Obviamente hay un camino aún por recorrer. La homofobia y la transfobia social siguen siendo grandes. Los comentarios descorteses sobre nuestros cuerpos, nuestras vidas y familias están a la orden del día. Aún se siguen rechazando jóvenes LGBTI en sus casas por revelar su orientación sexual o identidad de género. Las escuelas siguen siendo espacios de matoneo homofóbico. La violencia sigue ensañándose contra la población LGBT, especialmente contra la población trans. En el año 2012, 95 personas fueron asesinadas por su orientación, identidad y expresión sexual, en 2016 la cifra llegó a los 108, de los cuales 27 casos fueron de mujeres transexuales y siete de hombres trans. La violencia policial que hace cuatro años registró 33 casos, hoy alcanza los 77. En estos casos la lentitud en las investigaciones y la impunidad son parte del triste panorama. Tal es el caso de Nicoll Oriana, una mujer trans que fue degollada, torturada y abusada en agosto del 2016. Oriana también ayudaba a organizar encuentros de víctimas del conflicto en el departamento de Sucre, y a pesar de que hubo amenazas contra su vida antes del ataque y de haber un capturado, el proceso penal aún continúa en etapa de investigación.

También seguimos a la espera de la condena por el caso del joven Sergio David Urrego Reyes, el cual sigue dilatándose en los juzgados de Paloquemao. Este triste y célebre caso de acoso escolar e intolerancia de directivos docentes, es un recordatorio de lo necesario que es la implementación de la Sentencia T-478 del 2015 en la que se pidió al Ministerio de Educación la revisión de los manuales de convivencia a fin que se elimine la discriminación a los estudiantes por motivos de orientación sexual e identidad de género en todos los planteles educativos.

A raíz de esta sentencia, los enemigos de la igualdad emprendieron una campaña de mentiras y engaños para evitar que el acoso homofóbico desaparezca de las aulas de clase.

Y fue en ese punto de nuestra historia de reivindicación, donde decenas de activistas notaron la importancia de conocer y defender el Estado Laico. El Estado laico es aquel en el que el estado y las iglesias se encuentran separados. El Estado laico permite que todos los ciudadanos, creyentes de todos los matices y los no creyentes, heterosexuales y LGBTI, cissexuales y transexuales, indígenas, afros, blancos y mestizos, podamos vivir en igualdad de derechos y deberes, sin que los dogmas de una religión se impongan sobre los demás.

El estado laico nos protege a todos, nos compete a todos. El Estado laico hace posible, junto con los derechos humanos, los principios de igualdad y libertad que se plasmaron en la Revolución Francesa. No hay en este momento, ni ha habido en la historia, un solo caso de nación que haya mezclado la política con religión, que sea o haya sido, compatible con los derechos humanos. Los estados confesionales han derivado en la imposición, la opresión y la perdida de libertades.

En los lugares donde se ha optado por un estado confesional, en lugar de uno laico, están las peores condiciones para la población LGBTI. En 73 países sigue siendo ilegal la homosexualidad, siendo penalizada por la muerte en diez de ellos, como en las teocracias de Irán y Arabia Saudita. Por noticias hemos sido testigos de cómo, sustentados también por preceptos religiosos, en Chechenia, al sur de Rusia, hay campos de concentración para homosexuales en pleno 2017.

En el presente vivimos una embestida fundamentalista en Colombia y el resto del mundo, sea ésta justificada por interpretaciones de la Biblia o el Corán. Esto debe llamarnos a defender la separación entre el Estado y las confesiones religiosas.

El laicismo busca que la aspiración de cada credo religioso a ser asumido como la única verdad, no afecte los derechos de los ciudadanos, especialmente de las mujeres, las minorías étnicas, religiosas, filosóficas y sexuales. Por eso a las iglesias que no son inclusivas deseo decirles que sus prohibiciones y pecados valen solo para quienes libremente se han adherido a sus filas. No permitiremos que sus preceptos afecten nuestros derechos.

Nuestra Constitución establece que todos los ciudadanos somos iguales antes la ley, por lo tanto es incoherente pensar que las creencias de unos sean más importantes que las de otros. La libertad de cultos, como toda libertad también tiene límites, y para este caso esa frontera está donde empieza la libertad de los que no practican ese culto.

A los pastores venidos a la escena política quiero decirles que no es justo ni honesto que en el juego político, se use a la población LGBTI como el chivo expiatorio de su falsa cruzada moral. Es injusto y vil que para conseguir votos los pastores nos señalan de ser los destructores de la familia y la sociedad, cuando los verdaderos males que afectan a todas las familias son el desempleo, el subempleo, la baja calidad y cobertura de la salud y la educación; cuando el verdadero mal moral es la rampante corrupción de los políticos de siempre con los que ahora los pastores se han unido para negar nuestros derechos y negarle al país la oportunidad de vivir en paz y reconciliación. Esto es vergonzoso. Es intolerable.

Al país político deseo decirles que se debe legislar para todos teniendo como cabecera la Constitución, no los catecismos o libros sagrados. Los funcionarios públicos deben tener en cuenta el principio de laicidad, igualdad y no discriminación al tratar a los ciudadanos.

A las iglesias que son inclusivas, y que hoy están presentes en esta marcha, como la Iglesia Anglicana, la Iglesia Metodista, el grupo LGBTI Afirmación de los mormones y Kinship dentro de los adventistas, les pedimos que sigan perseverando en la lucha por la igualdad y la aceptación y que también hagan suya la bandera del Estado laico. El Estado laico también les permite seguir existiendo como minorías. Una minoría incluyente en un mar de estigmatización.

Empezamos un año electoral y los enemigos de la igualdad buscarán votos vendiéndonos como el problema a erradicar. Mal haríamos si no alzamos nuestra voz para recordar la naturaleza laica del Estado, si no defendemos la Constitución del 91, si no apoyamos a quienes están comprometidos con hacer valer la igualdad. Si el Estado laico cae, los ciudadanos LGBTI seremos los primeros en caer, pero no seremos los únicos.

Los alcances del Estado Laico sin duda van más allá del tema LGBTI. También incluye que las políticas públicas de ningún tipo, menos aún las de salud y educación, deban estar fundamentadas en ningún dogma religioso. Esto tiene especial calado en la planificación familiar, el control de las mujeres sobre sus propios cuerpos, de los pacientes extremos para optar por la eutanasia, el no destino de dineros públicos a favorecer cultos o ritos, la enseñanza de la religión como asignatura obligatoria, la libertad de expresión, entre otros.

Mi llamado a todos los presentes es a mantenernos centrados, empoderados, y determinados a seguir defendiendo el derecho a la igualdad y la laicidad del Estado. Juntos somos más fuertes. No tengamos miedo, somos libres y laicos. ¡Muchas gracias!

Bogotá Atea